VENENITO

29 jun. 2010

EN CADA MAÑANA

En cada mañana, al despertar, resucitamos;

porque al dormir, morimos esas horas
en que, libres del cuerpo, se recobra
la vida espiritual que antes tuvimos,
cuando aún no habitábamos la carne
que ahora nos define y nos limita,
y éramos, sin ser, misterio puro
en el ritmo total del universo.


Porque al dormir morimos sin saberlo;
nos vamos al espacio en ágil vuelo
sin perder la unidad que nos integra,
y somos como somos: idénticos, sin cambio,
extensos y desnudos
como el azul en el temblor del aire.
Nos extrañamos el cuerpo, no sufrimos
la ausencia de la piel que nos cobija;
somos como antes de nacer: etéreos,
vivos en plenitud del firmamento
y penetrantes como luz en sombras.

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