VENENITO

1 may. 2015

El día en que dejé de ser niña

Papá trabaja en un lugar muy público, más de lo que hubiera deseado a temprana edad.  No era nada divertido ser niña grande cuando el intelecto sobrepasa la edad.  Así que pasada la hora de la comida,  le pedí dinero a mi padre para poder ir al baño.  Había mucha fila y la verdad ése baño apestaba a lo asqueroso de la sociedad,  pero ni modo,  (estoy segura que fue ahi donde aprendi a verborrear mierda y descubrí la importancia de nunca sentarte en la letrina mientras mear, cagar o ambas,  se vuelve el tiempo mejor aprovechado para confiar en una verdadera amiga) así es un baño público.  Para ése entonces ir al baño era soportar el humo del tabaco,  escuchar las maldiciones de 'putitas pendejas eran aveces tan absurdas...  ni hablar, era un verdadero riesgo. Ése día,  ya me cagaba (habia poca gente en la fila; por suerte) me baje los calzones como pude y nada. ¡No salía nada! (andaba estriñida) así que sólo puje tan fuerte como pude,   mientras tanto, al mismo tiempo,  tuve que levantar la mirada,  fue hasta ése momento que puse  atención a lo escrito en la puerta de aquel baño asqueroso; leí en letras grandes.... "Que te la metan, es la sensación más rica. Sentir como te coge su verga,  como ese hombre encima de ti te chupa las tetas mientras te coge,  es lo mejor que te puede pasar.  Vírgenes???  Sean putas y sabrán lo rico de la vida".  Sólo recuerdo palpitar... palpite fuerte, punzante, doliente; descubrí que podía palpitarme. 


Posdata: Así fue que aquellas palabras pintadas en aquella puerta del baño público, me quitaron la inocencia. 

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