VENENITO

12 jul. 2010

¿Quién entiende?

Ella me decía durante el viaje a Puebla, que ser enfermera es el escape de cualquier mujer. A unas les ayudó a superarse e independizarse, a otras las hizo más fuertes menos vulnerables de lo que jamás pensaron. Existe una mujer delicada, tierna, entregada una enfermera de profesión, sobre todo humanitaria llamada Elvira, que cuando se jubiló, se creyó perdida, terminó en su casa, con una bola de temores, perdida en sus recuerdos, sumergida, desplazada, ausustada, enferma, pues habia perdido hasta la memoria de quién era, ya no se reconocía. Para ella, el trabajar era su vida, ¿quién entiende lo que pasa por el cerebro humano cuando te quitan el motivo de tu existencia?; no entiendo la catástrofe infernal interminable que sufría !!!!...

Escuché por labios de "mi segunda madre", que Elvira terminó por perder la razón, no sabía ni quién era... no reconocía a sus propias hijas, ¿qué mujer olvida a sus familiares?, ¿qué mujer olvida el nombre de su esposo?, ¿que mujer olvida cómo subir a una combi?.... No entendí hasta que  reflexioné sobre las únicas alegrías que quieres recordar, aquellos lugares donde pasaste la mayor parte de tus días; y es que quizá su motivo sea que estar con sus hijos para ella no sea la felicidad, ellos no la llenan de alegría, no tienen el peso de ser el motivo de su vida. Su trabajo ERA EL MOTIVO... su universo eran las jeringas, aquella infinita satisfacción de altruismo de saber que ayudaba, que contribuia a sanar al débil, de darle esperanza al enfermo, de sanar las cicatrices que nos dejaron los descuidos... Jubilarse, fue una catarsis emocional. Sus compañeras, que digo compañeras, sus hermanas del trabajo al enterarse de su estado acudieron a verla. Allí estaba Elvira, perdida en un rincón, olvidada por toda una vida ..... Cuando tomaron sus cosas le hicieron una cita para ir al doctor, regresó quizá al unico lugar donde verdaderamente fue feliz... Al pisar el hospital, recordaba perfectamente el nombre de cada persona, trabajador, enfermera y doctor, sonreía, volvió a ser Elvira, la enfermera, la comprensiva, la generosa humana, pero sobre todo se entendió, que ella se debía a su trabajo, y no a su mundana vida que le dió su Jubilación.

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